• 30 JUL 19
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    La Tomografía por Emisión de Positrones (PET) en procesos oncológicos

    La Tomografía por Emisión de Positrones (PET) en procesos oncológicos

     

    En la última década las técnicas de imagen como  la resonancia magnética, el escáner o la tomografía axial computarizada (TAC), la ecografía, la mamografía, la gammagrafía,  han hecho posible conseguir grandes avances en los procesos oncológicos, ya que con ellas se consiguen diagnósticos  más rápidos y precisos. Este hecho está directamente relacionado con la aplicación de tratamientos más eficaces y en aumento de la supervivencia de los pacientes.

    La tomografía por emisión de positrones o PET es la última de estas técnicas diagnósticas no invasivas de la medicina nuclear. Esta técnica engloba lo más avanzado de la física, la electrónica y la ingeniería informática. Pero su uso como prueba diagnóstica está siendo limitado por su alto coste. Las indicaciones siguen siendo muy restringidas, tal y como afirman expertos en medicina nuclear y en oncología, por ser “un procedimiento caro y de lenta expansión en la sanidad pública de los países occidentales”.

    En España, varios centros sanitarios cuentan con cámara PET, pero muy pocos pertenecen a la sanidad pública.
    El experto José Luis Carreras, jefe de Medicina Nuclear del hospital Clínico San Carlos de Madrid., quien introdujo la PET en nuestro país en 1995, explica que el Consejo Interterritorial de Salud, a través del Sistema de Uso Tutelado, ha establecido y aprobado unas instrucciones  para el uso de la PET, basadas en la relación de rentabilidad:

    – Aparición de nódulo solitario en pulmón (normalmente, se trata de un hallazgo casual por rayos X o TAC).
    – En cáncer de pulmón confirmado para hacer un estudio de extensión y verificar si existe metástasis (generalmente esta prueba se realiza mediante TAC, aunque es menos precisa).
    – En linfomas, para determinar su agresividad.
    – En tumores de origen desconocido.

    El especialista explica que en el último caso, lo habitual es “someter al paciente a numerosas pruebas, algunas de ellas cruentas y, cuando todo ha fallado, se practica la PET, que detecta en el 50% de los casos el tumor originario. Aquí es mucho menos controvertido el coste de este procedimiento, cuyo precio oscila de 900 a 1.000 euros y que desde un principio puede sustituir a una decena de pruebas y, con ello, no sólo ahorrar gastos, sino también tiempo del personal y sufrimiento para el paciente”.

    Todas las posibilidades que ofrece esta prueba de diagnóstico se encuentran  recogidas en el libro “PET en oncología”, coeditado por los especialistas en medicina nuclear Luis Lapeña, Cristina Asensio y el propio Carreras, en el que han participado además, otros 19 expertos españoles.Otras de las indicaciones aprobadas que se describen en el libro son los carcinomas de cabeza y cuello, colorrectal, melanoma, tiroides y cerebro, “sólo cuando exista sospecha de recidivas o recaídas, sugerida por la aparición de distintos marcadores tumorales clínicos”.

    La PET consigue imágenes de todo el organismo gracias a la acción de diversas moléculas marcadas con isótopos (fármacos radiactivos) emisores de positrones (partículas subatómicas), que han sido inyectadas al paciente en un momento previo.

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